Esta pieza figurativa es una celebración vibrante del primer automóvil, ese recuerdo imborrable de juventud y libertad. Un dinámico Volkswagen Bora, pintado en un negro nítido, irrumpe en la escena con energía. El contraste con el blanco del papel, realzado por explosiones de humo en tonos claros y destellos naranja, transmite la emoción pura y la idealización de aquel coche que, sin duda, era el mejor.







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